lunes, 15 de agosto de 2016

"415"...

Y fue en octubre de 1988 en la casa de doña Sara Solano, la #415 de la Calle Comercio del distrito de San Luis, donde se gestó la más importante orquesta salsera de la provincia de Cañete. Un mes memorable para un grupo de jóvenes músicos adelantados a su época que acudieron al llamado del sonido imaginario producido por el bombo de su vocación para crear algo completamente distinto a lo que se producía musicalmente en aquellas fechas. Sus principios los llevarían a rescatar las raíces de su pueblo, proyectándolas desde el género que estaba de moda en aquellas épocas: la salsa. Se reunieron ―obviamente bajo la anuencia de la propietaria del domicilio quien siempre le exigió disciplina a su joven hijo Martín Huapaya Solano, quien asumiría la dirección de este conjunto hasta la actualidad― y formaron una agrupación salsera a través de un estilo más modernizado  de  la guaracha cubana que tocaban reconocidas entidades del género como Gato Negro, los Frejoles Negros y la emblemática Santa Cecilia [la más antigua de las bandas musicales del distrito moreno cuyos orígenes de su fundación se remontan a fines del siglo XIX]. 

Y es que a nadie debería impresionarle la diversidad cultural y artística que engendró desde siempre  la tierra de Caitro Soto, Angelón Donayre y Álvaro Morales Charún, personajes claves en este asunto. Desde los años cuarenta del siglo pasado a esta tierra arribaron los mejores cantantes y músicos cubanos contratados especialmente para tocar la guaracha, el guaguancó de la vieja Habana y el son y elevar las almas hasta el éter de los dueños de las grandes haciendas de esta localidad. Los músicos de la isla caribeña descubrieron en San Luís un lugar propicio y atractivo para mostrar su arte y propalarlo. Y con los años ese arte llegó a implantarse en el ADN de los hijos más sobresalientes de San Luís, quienes a pesar de no contar con una educación básica completa [debido a la problemática de la época] eran poseedores de cualidades innatas para componer música. Es por ello que se puede percibir esta influencia en sus toques y estilos. Tal es el caso de Guisasola, Luchón Zegarra, Vitoco y el mismísimo Calín Romero, quienes para sorpresa de muchos músicos provenientes de reconocidos conservatorios no sabían leer partituras, pero que a pesar de esta limitación asombrosamente reproducían composiciones “al oído”, llegando incluso a adornarlas y mejorarlas. 

Fue así como San Luís se convirtió en una de las más importantes cunas de la salsa peruana. Un dato importante que deberían conocer los cañetanos es que la reconocida decana orquesta salsera del Perú «Hey Hey Camaguey», se fundó en este distrito hace más de seis décadas y que posteriormente se estableció en la capital del país, exactamente en La Victoria [tal y como hicieron muchos ciudadanos sanluisinos en la recordada migración que comenzó aproximadamente entre los años veinte o treinta], logrando consolidarse hasta la actualidad y manteniendo una regular agenda de presentaciones en el medio. Curiosamente fue esta agrupación la que en el mes de mayo de este año presentó una nueva propuesta que fusiona la música negra con el swing denominada «Camaguey afro», y a partir de este nuevo formato es como han vuelto a sus orígenes, pues uno de sus fundadores, Adolfo Menacho, fue integrante de Perú Negro por casi una década.

En el mes en que se conmemora los 460 Aniversario de Fundación Española de la Villa de Santa María «La Auténtica de San Luís», orquesta pionera y emblemática de nuestra provincia, ha decidido volver a sus raíces negras rindiéndole homenaje a través de su primer material discográfico a los tres más grandes compositores afrocañetanos: Pedro Carlos «Caitro» Soto De la Colina, Angelón Donayre  y Álvaro Morales Charún con un objetivo fundamental: generar identidad, sentido de pertenencia y unidad como cañetanos orgullosos de sus manifestaciones culturales. Su primera creación, un álbum llamado 415 debido a lo anecdótico que fue oportunamente narrado al principio de este p-r-ó-l-o-g-o, contiene cuatro significativos temas musicales en los que se puede distinguir una rítmica interesante en la que se combina el guaguancó cubano con la salsa y el festejo cañetano.

Escuchando Canto a Cañete, De San Luís, Máquina Máquina y Tierra bendita se puede advertir lo sobresalientes que son los instrumentos de percusión como el bongó y las tumbas, que le dan un sonido peculiar a esta salsa que fue grabada en los estudios de uno de los mejores arreglistas del Perú, Davies Barreto de Davies Producciones de La Victoria, Lima. Esto último ya de por sí es un valor agregado para comenzar con la difusión de estas creaciones a nivel nacional, obtener el respaldo y la contribución de las entidades públicas y privadas y poner en el escaparate a San Luís de Cañete como la madre generosa que concibió y parió a hijos predilectos amantes y respetuosos de sus ancestros y su cultura.

Luego de este gran primer paso estoy convencido de que el siguiente que dará mi buen amigo Martín Huapaya Solano será crear sus propias composiciones, siguiendo ―claro está― esta misma línea musical. Por mi parte, esta idea original de escribir un prólogo para un primer álbum de género afrosalsa ha sido muy satisfactoria, porque en el proceso he conocido segmentos inéditos de la historia de mi tierra y de sus principales protagonistas, llegando a revalorar su enorme riqueza artística y enorme contribución en favor de la identidad, que anda muy venida a menos por las autoridades de mi época cuya ignorancia es vulgar en lo extremo. Felizmente, y tal como me manifestó mi amigo el poeta, escritor y crítico literario Prof. César Chambergo Rojas, integrante de la Asociación Cultural Colectivo Sur-real, existe libertad de creación a la hora de componer un prólogo; no obstante también me advirtió de lo contundente que debían ser las revelaciones que éste ofreciera al respetable lector sobre la obra a presentarse. Espero haber cumplido con esos menesteres. (Guillermo Peña)

No hay comentarios:

Publicar un comentario