viernes, 29 de julio de 2016

YAUYOS, LA FIESTA QUE TRANSFORMA A LOS PUEBLOS

Del 1 al 5 de agosto, Yauyos (Lima) celebrará los 195 años de su creación política. La efeméride coincide con la fiesta religiosa de Santo Domingo de Guzmán, lo que terminará de transformar el panorama de la provincia

El niño arrea a sus pequeños carneros en el pueblo de apariencia fantasmal. Lentamente, sus pasos se acercan a la plaza, donde un viajero reposa su cansancio en una banquita. Ambos se miran. Sonríen. Conversan. 

El extraño se muestra sorprendido por la soledad, el silencio y las calles vacías. El niño, en cambio, sabe que su tierra, Yauyos (Lima), no siempre es así. Esa quietud desaparece en un dos por tres en los días de fiesta, cuando todo es algarabía y estallan las bombardas y hay mucha comida, también bebidas para los adultos. 

Esos momentos son mágicos. Las familias se unen, los paisanos regresan a la tierra por la fiesta patronal y, también, por el aniversario de la provincia. Un año más que se celebra inflando el pecho y coreando el himno de Yauyos.

Lo que no dice el niño, quizás para no entristecer al viajero por su mal cálculo, es que si él hubiera llegado al pueblo del 1 al 5 de agosto, estaría participando en los ajetreos festivos y recorriendo las calles jubiloso y llevando leña a la casa del mayordomo, para que allí se enciendan los fogones donde se prepararán  algunas de las delicias gastronómicas de la región. 

En la víspera del día principal -4 de agosto- sentiría la emoción de la quema de castillos, de los toritos locos y de las bombardas que iluminan más el cielo estrellado. A la mañana siguiente, sería despertado por los 21 camaretazos y el repique de las campanas del templo colonial y, entre bostezos, llegaría a la casa del mayordomo para tomar un caldito resucitador. 

Después, sesión solemne, desfile, misa en honor al patrón Santo Domingo de Guzmán, quien va vestido de gala; y, claro, la procesión, el baile de las pastoras azucenas, y la elección del mayordomo del próximo año.

Más baile, zapateos y brindis. Nuevos castillos y toritos locos y bombardas que iluminan el cielo. Al amanecer, cuando el gallo canta, se inicia el despacho. El mayordomo se despide entre bombos y platillos que resuenan en todas las calles. 

El despacho se hace sin prisa. Nadie quiere que la celebración termine, porque cuando se haga el último brindis, la tranquilidad volverá a la provincia de Yauyos, entonces, otra vez los viajeros solitarios conversarán con algún pastorcito que regresa a su pueblo.

En Rumbo
Dónde: De Lima a San Vicente de Cañete por la Panamericana, desvío a Imperial. Seguir por la carretera hasta Magdalena del Río. Nueve kilómetros hacia la izquierda se encuentra Yauyos, la capital de la provincia del mismo nombre. (Luis Pérez / Revista Rumbos )

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