domingo, 27 de marzo de 2016

Es sorprendente la manera en que dejan el destino de sus campañas y su inversión en las manos de un impresentable. EL CHANTAJE COMO ESTRATEGIA DE CAMPAÑA

«Los candidatos no solo cometen un grave error al contratar a elementos improvisados y a alimañas vulgares para que dirijan su campaña, sino que su yerro se remonta hasta el momento en que decidieron ser parte de algún poder del Estado o el gobierno sin otro mérito que no sea su pragmatismo piraña, su empobrecida hoja de vida y su falta de contacto con la ciudadanía que los desconocen».

La Región Lima será siempre un entorno mediocre gracias al aporte del remedo de políticos que tenemos, que entregan sus campañas a comunicadores anodinos y periodistas ordinarios que pretenden asumir tamaña responsabilidad sin el mínimo criterio, conocimiento de causa e inteligencia, los mismos que ante la negativa del aspirante a acceder a sus pretensiones económicas transmutan vertiginosamente de gestores de estrategias a destructores de las mismas, cayendo en la más burda actuación como es la coacción, el chantaje mediático y la extorsión desde sus respectivos espacios informativos.

Y si se preguntan de quién es la culpa, esta recae directamente sobre el postulante y su indigencia mental. Ellos no solo cometen un grave error al contratar a elementos improvisados y a alimañas vulgares que dirijan su campaña, sino que su imperdonable yerro se remonta hasta el momento en que decidieron ser parte de la administración pública o miembro de algún poder del Estado o el gobierno sin otro mérito que no sea su pragmatismo criollo [o “criterio piraña” como lo denomina el escritor y periodista Gustavo Faverón], su empobrecida hoja de vida y su falta de contacto con la ciudadanía que lo desconoce y que tampoco tiene idea de a quién elegir por esta misma razón.

Ante estos hechos ya ni siquiera es viable para el candidato optar por la victimización como contraposición al chantaje y usufructo del mismo para ganar adeptos extras a su causa. El electorado es indiferente de la coyuntura mediática y periodística: lo polémico y excitante que ofrecen los medios de comunicación resulta desfasado y anacrónico. Es decir, lo que es favorable en cuanto a rating y sintonía para un programa de noticias no tiene la más mínima relevancia o efecto en el proceso de selección/decisión [de un candidato] por parte de una población completamente escéptica y decepcionada de la política de nuestros tiempos. 

Hoy en día todo ciudadano tiene alcance mayor y veloz a la información. Jorge Nieto Montesinos propone lo siguiente a través de “La autenticidad como novedad”:

«[…] Todo está en la redes, a mucha velocidad. Son los emergentes hijos díscolos del modelo que han elevado la exigencia de veracidad en el debate público. Por ello nuestros políticos lucen irritables, desorientados, como algunos analistas. Los muchachos, ellos, ellas, siguen buscando. Esto sí que es nuevo», argumentó.

Lo que indica el pasaje citado anteriormente es que hoy en día todo es transmisible, todo puede ser reproducido de boca en boca, expuesto y compartido en la Internet y mediante las redes sociales donde la información se vuelve viral, apta para el juicio popular y definitivo para la cobertura de los grandes medios capitalinos dependientes de lo que ocurre en el mundo digital, lo que finalmente es propalado hacia esos sectores cuya manera de noticiarse sigue siendo a través de intermediarios tradicionales [diarios, Radio y TV].

Esto, desde luego, es un rompecabezas difícil de armar por los aspirantes políticos puesto que tal comisión no es la que finalmente les corresponde, sino más bien a un especialista, a un estratega, a un hombre con un coeficiente intelectual [IQ] conveniente para estas tareas. Y lamentablemente ningún candidato lo tiene porque desgraciadamente no lo consideran relevante. Su cerebro no concibe la idea porque no hay mucha masa encefálica dentro que lo permita. Lo que es definitivo para sepultar su propia campaña.

Últimamente muchos postulantes han manifestado públicamente desconfiar de las encuestas, de los sondeos de opinión y de la misma prensa que las realiza, pero es sorprendente la manera en que dejan el destino de sus campañas y su inversión en las manos de un impresentable sin sentido común. Eso, amigos míos, es sumamente peligroso y políticamente suicida. (Sansón Carrasco)

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